Bitácora | El poder de una decisión

Quienes me conocen saben lo drástica que soy para tomar las decisiones. A veces ni siquiera mido las consecuencias y suelo herir, herir mucho.


Trato de no llevarme a nadie por el medio, realmente nunca ha sido esa mi intención, pero durante muchos años velé por el bienestar de quienes me rodean y desde hace poco más de un año, lo estoy haciendo por mí. En todos los ámbitos de mi vida.


En el último año y medio, tuve que tomar quizás la decisión más triste de mi vida y atravesar el dolor más inexplicable, para dar un salto al vacío que ha sido toda una aventura. Renací en un lugar mágico, que sin quererlo me entregó mucho y nunca me había sentido tan a gusto.

Una decisión puede cambiar un rumbo. Una decisión, puede llevarte a conocer, explorar, disfrutar, llorar. Y estos sentimientos son los que había estado necesitando experimentar por mucho tiempo.


He llorado, sí; he tenido el corazón destrozado… Pero jamás me he arrepentido. Ni por un milímetro de segundo.

He tomado decisiones vitales. Que me han hecho la persona que soy hoy. Para bien o para mal, he aprendido de todas mis decisiones. He tomado algunas que muchos pueden catalogar como “insensible”, “irresponsable”, “en caliente”. Y quizás tengan razón, pero son experiencias que uno necesita atravesar. Ahí es donde surge el verdadero crecimiento.

Una decisión te invita a salir de tu zona de confort. Arriesgarte a hacerlo es apostar al autoconocimiento, enfrentar situaciones que quizás en tu burbuja jamás hubieras experimentado.

Hace poco “retuiteé” una frase que decía algo así como: “El tren de las oportunidades no pasa una vez, pasa varias veces y tú decides si tomarlo o no”. La vida te pone al frente las mismas situaciones hasta que captes la señal y te atrevas. Te lances. Nuevamente: DECIDAS hacerlo.

Es la sensación de adrenalina, de comenzar de nuevo, de cero. Conocer otras personas, moverte en otro ambiente, desintoxicarte. Eso: desintoxicarte. Darte un año sabático, descubrir quién eres, qué quieres… ¡Chamo! Estamos tan jóvenes… Ese proceso que comencé justamente este año y que ha sido enriquecedor. Ha tenido sus altos y bajos, pero ha servido. Ha funcionado y me ha forjado.


Las decisiones no son buenas ni malas. Son y ya.

Hoy me enfrento ante una decisión que cambiará el rumbo de mi vida y nunca había estado tan emocionada por eso. ¿Que cuando les voy a contar? Me daré mi tiempo para eso porque, a partir de aquí, comienza un capítulo nuevo de mi vida.


Hoy decidí algo que lo cambiará todo. No se preocupen, lo sabrán. Ahora es cuando se avecinan las mejores historias. Pero por ahora sólo voy a saborear las mieles de esta decisión que me tiene con ese sustico, esa emoción y que me hace -egoistamente- decir: Bendita pandemia, ¡Gracias!