Fede, el Avenger de Los Andes

Para lo que algunos es una locura, para otros es un desafío personal. Y suele confundirse porque hay una delgada línea que los separa. La locura te lleva a plantearte ciertos objetivos que comenzaron siendo sueños. La locura te lleva a conquistar la cima y a demostrarte a ti mismo de lo que eres capaz.


Ésta es la historia de un loco. ¡Hey! Y que no se mal entienda cuando lo llamo “loco” porque ahora mismo su grado de locura es digna de admirar. Se llama Federico Barrio, es uruguayo y las montañas chilenas lo enamoraron a tal nivel que ya es casi una obligación para él conquistarlas todas.


A Fede lo conozco de hace mucho sin quererlo. Resulta que hace unos años, mi ansiedad me llevó a intentar practicar crossfit y él fue uno de mis instructores… Digamos que el único que no me hizo vomitar post clase. ¡Filo! La cosa es que estuve como dos meses practicando la disciplina hasta que supe que no era lo mío. Perdí todo tipo de contacto hasta con los instructores. Y aquí estoy, años después, fascinada con la historia de un ciclista como tú, como yo, que llegó a mi Instagram por compatibilidad deportiva y medioambiental sin saber que era él. ¡Hoy, un agrado escribir y difundir su historia!


“Desde que vivo en Chile –finales de 2015- me volví loco por la montaña. A la semana de haber llegado, ya estaba subiendo el Cerro Provincia en 4 horas y a los dos meses, abriendo una ruta en el Cerro Gloria a 4.500 metros de altura. Me sentí bien en la altura desde el primer día”, comentó “Fede” quien asegura que lo más destacable que ha hecho como montañista es:“Subir El Plomo en el día, hacer la travesía de Ramón en el verano e invierno en el día; en verano me tardé 12:10 para cruzar Puente Nilhue, Provincia, Tambor, Ramón, Punta Damas, Minillas y Bosque Panul”. Una cosa poca.


A eso sumémosle su desafío de este fin de semana. Fede cruzó la Cordillera de Los Andes en un día. Hizo un trayecto en bicicleta y otro en trekking: una suerte de duatlón, hasta llegar al lado argentino: Mendoza.


Justamente esta hazaña es de lo que me gustaría hablarles en esta oportunidad. “Todo comenzó en 2016, la primera vez que subí a Valle Nevado en auto y vi un ciclista a tres mil metros de altura. En ese momento pensé: ’este tipo es un Avenger’ y el hecho de mezclar el ciclismo con la montaña me inspiró muchísimo. En 2018 empecé a perseguir los centros de Sky de la Región Metropolitana hasta lograrlos todos”, comenzó recalcando.


“A mediados de ese año descubro otro Centro de Sky en Google Maps, quedaba muy lejos, pero era mas alto y yo tenía que subirlo. Lo supe desde el segundo 1”, continuó diciendo.


“Empezando a planearlo veo que más arriba de Portillo se encontraba el Cristo Redentor de Los Andes, una estatua hecha de cañones para marcar la paz entre dos países, a 3.820 metros de altura en el punto mas alto del antiguo paso hacia Argentina. Subiendo hasta Portillo no podía dejar de intentar alcanzar ese símbolo tan mítico como el Cristo Redentor”, siguió relatando. “Finalmente el 15 de septiembre de 2018 coronaba el Cristo Redentor de Los Andes en bicicleta partiendo el día anterior desde Santiago. Fue uno de los días mas duros de mi vida, tuve que subir 9 kilómetros a pie cargando la bici entre barro, nieve, e incluso hielo, pero solo me importaba llegar. Fue una sensación única verme llegando y en pleno invierno, estar solo donde todos decían que no se podía subir. Se me caían las lágrimas y sentí algo muy fuerte que me unió a ese lugar. Desde ahí que me quedaron ganas de volver, entonces este año sumé la idea de seguir a Argentina y fue evolucionando el plan hacia unir Los Andes con Mendoza ya que ambas estaban a 800 msnm y delimitaban la Cordillera”.


Después de leer y meditar mucho, decidí quedarme con el #RaceReport de Fede de manera textual. Espero disfruten tanto como yo de este relato que es un bálsamo a la motivación, a la garra, a la aventura y al verdadero amor por el deporte.


RACE REPORT: Sábado, 15 de febrero: llegó la hora.-


Todo comenzó a las 2:00 am, me levantaba después de dormir una hora, había estado arreglando detalles hasta la 1:00 am. Cargué la camioneta para partir hacia los Andes. En esta ciudad desayune, cargué las caramagiolas. agarré geles y barritas, prendí las luces y me interné en la oscuridad. Mi novia se quedó en la camioneta con todas las provisiones cargadas. Yo la iba a encontrar 4 horas después, a 51 kilómetros. La noche se hizo larga, sinceramente no entendía mucho que hacia pedaleando ni lo que se me venía por delante. Intenté mantener un ritmo cómodo, comer lo suficiente y frenar lo menos posible. Llegó el amanecer y a la hora estaba llegando a la camioneta, me puse muy contento al verla, sentía que ganaba la primera etapa de una Titan Desert. Comí algo, bebí mucho y seguí muy fuerte por Los Caracoles hasta llegar a Portillo y cruzar de nuevo la camioneta. En este momento me sentía una bestia y después de comer, seguí hasta la Frontera. Lo que no sabía era que el color de rosas en este viaje se iba a acabar en breve. Adelante del túnel hacia Argentina a 3200 msnm, me cambio a zapatillas de running ya que para cruzar a pie tenia que subir 9 kilometros de trekking hasta los 3820 msnm. En la primera mitad del camino lo pasé bacan, me acompañaba un alemán que venía viajando por el mundo en bicicleta. En el medio de la nada haber encontrado a otro estropeado como yo fue increíble, realmente era muy bizarro estar en la Cordillera hablando de bicicletas en Inglés. Ya a mitad de la subida lo dejo atrás y vuelvo a mi prioridad: llegar ‘a la meta’.





Había llevado comida para 1 hora, la segunda hora ya iba sin nada, a pleno mediodía y se hacía interminable, hasta que a los 3700 msnm cambio de calor desértico a frío de altura. Llegué al Cristo, saqué 3 fotos, mire el paisaje y busqué la bajada porque no aguantaba el frio. Al ver la bajada la historia cambio… Era un camino muy suelto, con piedras, empinado y yo con una bicicleta de ruta… Me resbalaba mucho la bici y tenía que frenar todo el tiempo porque si aceleraba, las piedras seguro me cortaban los neumaticos. Fue bajar 700 metros de altura sin romper nada sinceramente no se cómo. Una vez en el primer poblado argentino (Las Cuevas) miré hacia arriba y realmente no creía como bajé desde tan alto con una bicicleta de ruta. Me puse al día con la hidratación y comida, descanse 20 minutos y retomé mi ruta. Apenas subo a la bici empieza la bajada y saliendo de este pueblo me pega en la cara un viento cruzado que nunca había siquiera imaginado. En un momento me cambió literalmente de carril, era un infierno además que la ruta no estaba en muy buen estado. Estaba bajando como un loco a mas de 60 km/h, cuidándome del viento y esquivando grietas, por momentos me sentía en una moto. 10 kilómetros más adelante, a 2 km de la Aduana me salpicó el líquido sellante del sistema tubeless de mi rueda trasera, había pinchado, pero se arregló dejándome llegar a la camioneta.


Una vez ahí intento volver a darle la presión a la rueda y no había caso. Era muy grande el orificio y tuve que poner cámara, lleno los papeles de aduana y a pesar de los contratiempos puedo seguir. Con mi fiel compañero el viento cruzado del infierno, seguí por lo que era un desierto cordillerano, imponente e interminable llegando a Uspallata cerca de las 6 de la tarde. En ese momento me sentía realmente jodido, estaba vacío, llevaba 14 horas, venía el anochecer y faltaban aún 108 kilómetros… Me acosté 15 minutos. Comí MUCHO, bebí MUCHO y me acordé de toda la gente que me había dado sus palabras de apoyo, estaban todos ahí conmigo, agarre la bici y seguí. Los paisajes eran increíbles, me volví a sentir fuerte y no dejé de avanzar hasta que anocheció. Faltaban 46 kilómetros y por momentos estuvimos perdidos, rápidamente encontramos el camino y seguimos con la camioneta juntos para que fuera mi luz. En estos últimos kilómetros, si bien sufrí como perro porque se hicieron infinitos, tuve un segundo aire y lo di todo. Iba a velocidad de auto entre zigzags y túneles, motivado porque tenia a ‘Tami’ iluminándome atrás y no tenia otra chance que llegar cueste lo que cueste. Se hicieron las 22:40 horas cuando después de 18 horas llegaba en bicicleta a Mendoza. Había cruzado Los Andes a pulmón. Algo increíble que no hubiera sido posible sin el apoyo de Tami, esa sonrisa cada vez que nos cruzábamos me dio la fuerza necesaria y ni hablar del apoyo armando caramagiolas y batidos, sin ella no hubiera sido posible. Apenas bajé de la bici, se me fueron todos los superpoderes y tuve que comer y dormir ya que la noche anterior solo había dormido 1 hora, al otro día pude festejar.

Me siento muy en paz después de lograr esto. Siento que me cambió, no se cómo explicarlo, es como la Cordillera misma, si no estás ahí nunca la lograrías imaginar, pero te puedo decir que siento que me limpió el alma, estoy muy feliz y nisiquiera lo creo aún.


Fede conquistó Los Andes. Fede cumplió su sueño y sigue por más. Viendo sus stories en Instagram (@hardworkeverywhere), me causó cierta gracia que, luego de este desafío, su forma de “soltar las piernas” era subiendo el Cerro San Cristóbal en unos 20 minutos. Claro, como si pedalear por 18 horas no fuera suficiente.


Después de esto, el uruguayo enamorado de la Cordillera chilena, ya piensa en su siguiente reto. ¿Adivinen cuál? Alcanzar el Paso Fronterizo Aguas Negras a 4.780 metros de altura, partiendo desde la altura del mar en La Serena a 243 kilómetros. “No sé qué me espera a más de 4.000 metros en bicicleta y en camino de ripio, pero capaz el mes que viene intento averiguarlo”, cerró diciendo entre risas.


Entonces… ¿Locura o pasión? Yo creo que un poco de ambas. Al fin y al cabo, ¿Qué es la vida sin un poco de locura en ella?