Las personas son momentáneas: la historia de Pablo y Lili

En casi un año que tengo viviendo en el Sur, una de las grandes lecciones de vida que me ha tocado aprender e interiorizar es que las personas son momentáneas, llegan, cumplen una función y se van…


Cuando estás en un despertar espiritual, darse cuenta de este tipo de premisas es durísimo. Tenemos tan internalizado el hecho de “Querer a las personas presentes para el resto de nuestras vidas”, que el simple hecho de decir adiós -por cualquier motivo- pesa, duele y te da justo en la herida del abandono.

Bueno, parte de mi proceso de aprendizaje y de “retiro” en el Sur, fue caer en cuenta de que cada una de las personas que aparecen en mi vida, lo hacen para enseñarme algo y, ahora último, me tocó aprender a aceptar que se pueden ir y no pasa nada. Todo está bien.

Y por supuesto, como en todo orden divino, no sólo aparecen para dejarme lecciones de vida a mí, sino para que yo también pueda dejarles algo. Lo veo como la oportunidad de retribuirle al universo las infinitas bendiciones que me ha enviado este último tiempo.


Justamente, ésta es la historia de dos grandes amigos chillanejos que me dejó el Sur: El Pablo y la Lulis.


El 'momentum' de Conexión

Pablo y Lili son pareja. Un día dejaron todo y decidieron irse a vivir juntos a otro lado, lejos de su ciudad natal para comenzar una vida juntos o simplemente vivir el momento y conocerse más. De ahí el hecho de venirse a Pucón.

Dos personalidades distintas pero que pegan juntos como el ying y el yang. Él, un nómada nato, viajero, medio testarudo hay que decirlo (jajaja) y el alma de la fiesta.


Ella, protectora por demás. Dulce como ninguna otra persona que haya conocido antes… Con vocación por la enseñanza y una paciencia envidiable hacia los “pendejos” (carajitos diríamos en Venezuela).

Ambos llegaron en agosto del año pasado, un día después que yo.


Nuestra primera conversación, palabras más, palabras menos fue algo así:

  • Pablo: Chica, tú qué tienes cara de que puedes saber: ¿En dónde queda una verdurería por acá cerca?

  • Yo: “Mira la verdad no lo sé porque llegué ayer”

  • Pablo: “Oh, mira… Nosotros también”

De ahí volvieron tres veces seguidas al Bar en donde yo trabajaba como garzona.


Ahí comenzó la historia de una amistad sin igual, de absoluta retroalimentación, tolerancia, hermandad, muchísimo apoyo, cualquier cantidad de aprendizaje y un despertar de conciencia que será inolvidable para los tres.

“Coincidencia”, diría Pablo, respecto del hecho de conocernos; Yo, un poco mas mística y romántica, prefiero llamarlo “Destino”.

Lili -siendo “Lili”- seguramente diría que ambos tenemos razón, pero solo para que Pablo y yo no entremos en una discusión absurda que duraría horas acerca de quién tiene la razón. Ninguno dando su brazo a torcer.

¡Así somos!


Personas espejo...


Los tres formamos una especie de unidad prácticamente desde el inicio. Conectamos de una manera que no les puedo explicar. Realmente lo que siento es como si yo tuviera que conocerlos para aprender de ellos y ellos de mí, porque generaron tal impacto que cualquier palabra se quedaría corta.

Nuestra amistad trascendió toda barrera. Ellos como pareja me dieron cabida en su vida como una hermana más. Yo era la del medio. Para donde fueran, iba “La Silvi”.


A los días de conocernos, ya estábamos explorando montañas, contándonos las penurias con varias chelas artesanales en el cuerpo, riéndonos de nosotros mismos, hablando de frustraciones, sueños, objetivos de vida, anhelos, amor y desamor.

A las semanas, de ser amigos pasamos a ser vecinos y la relación se intensificó aún mas. Ahora teníamos “citas” jajajaja; comíamos a la luz de las velas, cantábamos, nos burlábamos de mis matches en Tinder, entrenábamos lo más duro que podíamos; y entre Lili y yo tratábamos de aguantar las risas mientras Pablo daba la clase porque ajá… se enojaba si no le prestaban atención.


Gracias a ellos conocí a más personas, también de Chillán. Todos con historias de vida increíbles, con opiniones, con argumentos, unos muy distintos a los míos y otros que nos recordaba constantemente el por qué somos tan amigos.

Pablo y Lili son una pareja distinta, una unidad fuera de lo común que pocos entenderán y eso está absolutamente bien mientras les funcione a ellos.


Como seres individuales, Pablo es mi espejo. Sus penurias, miedos, insatisfacciones personales, al igual que su garra, su pasión y su espíritu aventurero, me definen. Sus cualidades y sus defectos se asemejan un poco a los míos y de ahí que surge nuestra hermandad.


Por otro lado esta Lili, un absoluto ángel, que pasa por “frágil” en ocasiones, pero que les aseguro que es a simple vista porque si hay alguien con los ovarios bien puestos, que sabe lo que quiere y que sin importar qué, estará ahí para ti, es ella. Una amiga incondicional.

De ambos corroboré que la lealtad, la comunicación y el respeto son el motor de cualquier relación interpersonal. Que no importa qué “tan cagado” se pueda estar, cuando tienes gente a tu alrededor que te quiere y te entiende, te va a apoyar incondicionalmente y que cuando se quiere mejorar, se mejora.

Aprendí sobre honestidad, valentía, aceptar las equivocaciones, soltar, respirar y dejar fluir…

Todo esto parece “cháchara” cursi cuando lo lees, pero en mi caso era pura teoría escuchada durante meses en terapia que ahora debía poner en práctica con cada persona que se atraviesa en mi camino. Ellos fueron los primeros.

Pablo y Lili estuvieron ahí. En los buenos y no tan buenos momentos y yo también estuve (y estaré siempre) para ellos. Juntos nos guiamos cuando más nos necesitamos y ambos, personalmente, fueron mi primer soporte cuando enfrenté un ataque ansioso después de varios meses de absoluta paz.


La despedida...


Todo esto que les escribo no se compara ni un poco con la lección que me dieron y con la que parto este relato: las personas son momentáneas y eso está bien.

Pablo y Lili tenían que avanzar… Lo que comenzó como un “Veamos qué pasa en Pucón”, evolucionó y se transformó en otro tipo de relación. Eso sumado a la situación país, el reconocer las responsabilidades, tener que “adaptarse al sistema” y “crecer”, fueron los pilares que motivaron un retorno a casa y una despedida de Pucón.

Y tocó decir adiós…


¿Saben? A veces se suele pensar que decir adiós tiene que ver con tristeza y melancolía. Al menos yo lo veía al principio así.


Pero gracias a ellos aprendí que realmente se puede asociar con recuerdos hermosos, experiencias únicas, las tallas, las jodas, los asados, los carretes y los chistes internos...


También corroboré que nadie aparece por casualidad, pero nadie. Cada una de las personas que conocerás en tu vida vienen a jugar un papel importante, a enseñarte algo, a entregarte energía; y obviamente, en mayor o menor medida, tú a ellos.

Nosotros cerramos ese ciclo de aprendizaje entre los tres. Nos tuvimos el tiempo que teníamos que estar.


Aprendimos lo más que se pudo. Nos dejamos innumerables lecciones, absorbimos energías del otro, mejoramos y crecimos.


Hoy la vida nos invitó a seguir por caminos distintos, mañana no sabemos. Aún no conozco Chillán y me falta cantar: "No te quedes en la plaza, mira que la vida pasa..." jajajajaja.


En fin… Sí, estoy de acuerdo en que las personas son momentáneas. Sin embargo, para mí, Pablo y Lili serán eternos.


Silvi.

Jul, 2021!✨

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