Los Juegos Panamericanos Lima 2019 y el gran despegue...

La mejor experiencia laboral de mi vida. Los Juegos Panamericanos de Lima 2019 serán insuperables por mucho tiempo. Si de algo me puedo caracterizar, es que he aprendido a aprovechar todas las oportunidades laborales que se me han presentado. Y ésta no fue la excepción.

Parte de mi experiencia como Jefe de Prensa de la Selección Chilena de Hockey Césped, fue haber tenido la chance de viajar al torneo sudamericano por excelencia. Es like a “unos Juegos Olímpicos”, pero más pequeños. De hecho, se disputan cupos para los JJOO en algunas de sus disciplinas. Hockey entre ellas, así que la presión por informar “on time”, no era menor.

Haber vivido esta experiencia fue el resultado de muchos años de aprendizaje, de estudio. Es algo que no te enseña el salón de clases y definitivamente no te enseña un profesor, lo aprendes “pateando calle”.

Como todo en mi vida, se trata de saborear el proceso y disfrutarlo. A nivel profesional, no ha sido distinto. Es decir, comencé con un voluntariado, con tareas sencillas; manejé un Departamento de Prensa de un equipo de fútbol que estaba en segunda división, compuesto por dos personas (periodista -yo- y diseñador), luego tuve la inmensa fortuna de liderar el Departamento de prensa de una selección nacional compuesto por: mí... O sea, lo multifacética y arriesgada no me lo quita nadie.

Durante 17 días, Lima fue mi casa y Miraflores mi “Municipio”. ¡Y me pasó de todo! Tengo las mejores anécdotas y los recuerdos más lindos de ese viaje. Me creé hasta un personaje en redes sociales: “La maldita novata” (aún lo puedes encontrar en mis destacados de Instagram).


Mis jornadas comenzaban muy temprano en la mañana y terminaban muy tarde. Si un partido finalizaba a las 20:00 horas, ahí recién comenzaba mi trabajo: entrevistar, escribir, diseñar, editar, encontrar la foto, publicar, actualizar redes sociales y en paralelo avisar al Comité Olímpico y grupo de periodistas chilenos. La adrenalina de ser la fuente, me gustaba. De hecho, me sigue gustando.

A esto sumémosle que estaba a poco más de un mes de debutar en mi primer triatlón, por lo que tenía que continuar preparándome y aprovechaba los horarios libres que tenía para sacar los largos de trote y hacer un poco de bicicleta + PF en el gym que tenía a unas pocas cuadras de casa.


Recuerdo que para poder llegar a entrenar en la noche (a ultima hora), no descansaba en el bus, sino que alistaba la nota, las fotos y actualizaba las redes sociales. Los primeros dos días fueron los más complicados, ya después me sentía “en mi salsa”, más cómoda... Estaba en mi lugar en el mundo.

En Lima puse en práctica todo lo que había aprendido a lo largo de los años de relaciones públicas, inglés, portugués, obviamente cobertura, edición de video, manejo de redes sociales y más. Coloquialmente dicho, ¡Las hice todas y no paraba de pensar: ¡Por Dios, por esto estudié periodismo!

Claramente, aproveché de visitar otras sedes y disfrutar otros deportes. Vi el medallero del triatlón, la final de Tennis, beach volley, estuve en el waterpolo... pero mi principal foco era el hockey. Todo tenía que salir perfecto. Así me lo propuse y así lo quería cumplir.


Ademas, no era fácil trasladarse de un recinto a otro. Los complejos deportivos quedaban muy lejos y había que llegar al centro de prensa para tomar otro bus que fuera a un determinado “estadio”. Un cacho.

Lima siempre estará en mi memoria. Pero de todo lo que viví, hay una escena en particular que jamás voy a olvidar. Y es la sensación que tuve apenas abordé el avión hacia Perú, dejar mi bolso, sentarme, abrochar mi cinturón y mirar por la ventanilla... Recuerdo pensar mientras despegábamos: “Éste es solo el inicio. Vienen muchas más coberturas internacionales, negrita; nunca dudes que estás hecha para grandes cosas”.

Y hasta el sol de hoy, mantengo ese pensamiento. Cada experiencia de mi vida la tomo así, como un aprendizaje. Con ese “sustico” previo a un gran despegue. Esa sensación la atesoro con todo mi corazón pues tengo la certeza que me servirá para mi siguiente reto: uno mucho más grande que el anterior. Si de algo estoy segura es que no hay límite en mi cielo pues el límite, lo pongo yo.

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