Mawida, otoño e historia: la vuelta al Lacustre Andino

Salimos por un almuerzo y en el camino nos topamos con grandeza, belleza y un portal al pasado.


Así como lo leen.


Lo que sería una junta para "echarnos los chismes de la semana", se convirtió en una travesía de unos 400 kilómetros, en donde no sólo fuimos espectadores enamoradizos de la tenida otoñal de las montañas chilenas, sino que nos encontramos de frente con el pueblo originario, sus costumbres y su estilo de vida. Y todo fue absolutamente improvisado.


Pero partamos desde el inicio para que nos entendamos bien...


De Pucón a un Supermercado en Curarrehue


La aventura partió en mi casa. Salimos en búsqueda de algo para comer y terminamos en un supermercado en Curarrehue comprando pan, jamón y queso. Así con la dieta.


Curarrehue es una comuna de Chile que se ubica a unos 35 kilómetros de Pucón. Pertenece a la Región de La Auraucanía y forma parte de la Provincia de Cautín. Es junto a Pucón y Villarrica lo que se conoce como "Lacustre Andino" y está a unos 40 kilómetros de la frontera con Argentina por el paso de Mamuil Malal.

En Curarrehue le comenté que "algún día", teníamos que ir justamente hasta el paso de Mamuil Malal para que viera la Araucaria enorme que está en el medio de la calzada (ahí les dejé el enlace directo a la nota jojo).


Bueno, el susodicho en cuestión, decidió que ese día podía ser hoy, así que rodamos unos 25 kilómetros más, por Puesco para llegar hasta la entrada del Parque Nacional Villarrica.


Para quienes no lo saben, Curarrehue sigue en fase 1 (cuarentena), por lo que lógicamente, el parque estaba cerrado y no hay acceso para llegar hasta el paso fronterizo.


Cueck!


Sin embargo, esto no detuvo a nuestro ocurrente amigo, quien sugirió hacer una ruta similar hacia otro camino. "La idea es conocer", comentó.


Y ahí realmente fue cuando comenzó la gran aventura...


La magia de Mawida: Lacustre Andino por interiores...


Así que dimos la vuelta y nos metimos por un camino de tierra que básicamente nos haría volver a casa, pero a través de la montaña.



La mejor decisión, debo admitirlo. Desde el segundo uno que tomamos ese camino, fuimos testigos de lo imponente y notorio que es el otoño en la montaña.


Todo el camino es muy hermoso. La magia y la vibra de ese lugar es sin duda sublime.


Yo, literal, me sentía en el bosque encantado de Blancanieves. Llegué a pensar que en cualquier minuto aparecía mi Príncipe azul (JAJAJA *llora*).


Grabé cada segundo en mi memoria a tal punto de que cierro los ojos y veo perfectamente el camino, huelo la tierra mojada y escucho el caudal del río Machín.


Disfrutamos de cuatro horas de luz. Ya a las 17:30 aproximadamente, estaba oscuro.



El 70% del camino es sin señal, posee poca y nada iluminación y aún así observamos casas pequeñas, algunas rukas, personas con vestimenta autóctona para cubrirse del frío y la cruz negra típica.


Estábamos atravesando un territorio Mapuche, #ayshiamo.


Reigolil: un portal al pasado...


¡Okey! Aquí tuvimos un headshot cultural cuático. Y lo escribiré en dialecto chileno, porque sí... ¡Se lo merecen!


Me explicaré mejor para que me entiendan: en el momento que hicimos este camino sabíamos que estábamos recorriendo algo interesante, lleno de historia y de datos importantísimos.


Pero no teníamos más información al respecto.


De hecho lo conversamos en el auto y coincidimos que ese detalle es lo único "negativo" de improvisar: que no te das la chance de investigar antes para ir un poco empapado de lo que vas a presenciar.


En mi opinión, cuando estás informado de la importancia de un lugar, lo disfrutas el doble, pero bueno, ya estábamos ahí, al tanto de que era algo increíble y que debíamos buscar más información.


Así que apenas llegué a casa, me aboqué en eso para complementar mi nota y se quedan locos con lo que conseguí. ¡Bendito internet!


El camino por el que anduvimos en la montaña fue el de Curarrehue - Reigolil, pero atravesamos varias localidades de Curarrehue: Estuvimos en Puesco al principio del trayecto, Maite, Quiñenahuín. Luego, bordeamos Huechulil, La Angostura, Purranquil, Reigolil, Cahuilelfun; pasamos Los Potreros, Quililche.


Básicamente dimos la vuelta más larga XD y por eso rodamos tantos kilómetros, porque en realidad el trayecto en sí no es tan largo.


Resulta que todos estos lugares remotos son localidades conformadas por unas 2.500 personas de distintas comunidades Mapuche.


Curarrehue, con tan solo 50 años de historia como comuna, tuvo la tercera mayor ola de nativos que se vieron en la obligación de migrar hacia estos lugares entre 1920 y 1930, para vivir de la agricultura, de la ganadería y posteriormente, con la construcción del camino entre Villarrica y el paso Mamuil Malal, de la actividad maderera.


Pero si nos vamos más hacia atrás en la historia de la colonización en Chile, estos sectores precordilleranos ya habían sido poblados por el pueblo Mapuche, quienes buscaban huir de la ocupación del paño central del territorio regional.


Así que el camino por el que nosotros estábamos pasando en ese minuto, era lo más autóctono y puro que, al menos yo, había visto desde que vivo en Chile.


Supe de inmediato que era oro puro. Vi siglos de historia pasar por al frente de mis ojos.


Los nativos de Reigolil viven literal con lo básico de lo básico. Puedo decir que de vaina hay luz eléctrica; y sí, algo de seguridad pues vimos pasar un carro de Carabineros, así que intuimos que algún Retén había cerca.


Ni internet, ni simple cobertura telefónica tienen... Esto lo corroboré cuando estuve averiguando más acerca de esta comunidad.


Algo que hizo explotar mi mente es que ese cruce es usado por los lugareños para efectuar rogativas mapuche. En especial para celebrar el Ûlkantun, una ceremonia que congrega nativos de ambos lados de la cordillera para pedir por la naturaleza y la preservación de su cultura mapuche.

¡Increíble!


Bueno... Una vez atravesado el "portal histórico", continuamos con nuestra aventura bordeando todo el lago de Caburgua y el lago Collico.


Muchas subidas y bajadas y un camino interminable lleno de hoyos era lo que nos esperaba más adelante. Por suerte, sorteamos bien la cosa, el Nib se graduó -literal- de conductor y volvimos al camino pavimentado: Cunco.


En este punto, me tocó conducir a mí.


El regreso: De Cunco a Pucón


Cada vez más cerca de casa. Ahora estábamos a unos 140 kilómetros de nuestro hogar.

Me gradué en carretera. Jamás había conducido tanto en realidad. Al fin entendí lo que muchos decían que: "conducir cansa".


De aquí en adelante, todo el viaje fue muy normal en verdad jajaja, salvo por la intensa neblina que me agarró en mi debut "choferístico".


Llegamos a Villarrica y luego a Pucón sin novedad.

En total recorrimos casi 400 kilómetros. 400 improvisados, lindos y especiales kilómetros..


Hagan ese trayecto si tienen oportunidad. Merece cada segundo porque llena el alma de agradecimiento con cada postal que grabas en tu memoria a través de tus ojos; reconforta el corazón y nutre ese espíritu aventurero que nos caracteriza a los viajeros.


De hecho, de toda esta travesía construí un mantra sencillo que me gustaría compartir con ustedes:


Para las risas, los amigos;

Y para la desilusión, Mawida.


Gracias por llegar hasta aquí :)


Como siempre, si lo hiciste, deja un like en la nota; y si tienes algún comentario, dele... Yo leo y respondo.


Abrazo enorme,


PD: Las imágenes de Maps son un poco referenciales. Tomamos caminos muy internos y nos pelamos varias salidas, entonces la distancia que marca es menos de la que realmente recorrimos.


Silvi!