Tengo algo que decir sobre la salud mental…

Actualizado: abr 7

El título con el que comienzo esta nota proviene de una frase que me dijo una amiga hace un par de días que no ha parado de darme vueltas en la cabeza: “Falta tanto en este país sobre salud mental”.

Mi amiga es chilena y ambas vivimos en Chile, pero me permito tomar esta misma frase porque tengo algo que decir sobre la salud mental en general y aplica también para mi país, Venezuela.

Esta frase me la he repetido ene veces, intentando entender a quienes aún no le dan el peso y la importancia necesaria al estar “bien” de la cabeza y a quienes aún en pleno 2021 les sigue pareciendo un tabú, una exageración y hasta irrisorio el hecho de asistir a terapia.

¡Hola! Si estás leyendo esta nota y si las estadísticas de mi blog no fallan, probablemente eres un lector millennial, uno más de esta generación que estamos absolutamente tocados por traumas -chicos o grandes- de nuestra infancia; marcados por un modelo de crianza en donde al parecer en vez de ser “hijos”, éramos amigos, protectores, “el ejemplo a seguir” y hasta terapeutas. Fuimos de todo, menos niños…


Y sí, uno crece y es común decir: “Todo lo que viví en mi infancia o a lo largo de mi vida, me han hecho ser quién soy”. ¡Y cuanta razón! Comparto la idea.


Sin embargo, eso no quita el hecho de que estamos marcado por algún suceso que no se trató en su momento y que las múltiples “malas decisiones” que hemos tomado a lo largo de nuestra vida (al enfrentar una determinada situación, al escoger una pareja, aguantar un trabajo que odiamos), tienen que ver con los patrones de conducta que venimos arrastrando incluso, desde que estábamos en la panza de nuestras madres.


¿Generación de cristal? "Pero si estamos jodiendo, no es para tanto”…


Un ejemplo muy sencillo es que, en Venezuela, es común justificar el “bullying” con una suerte de “Echaderita de vaina”, “un juego” en donde se ofende física y psicológicamente a otra persona porque “Estamos jodiendo”, siendo lo más desagradable e hiriente posible.

Parece hasta una competencia en donde el que “más mierda es, gana”, sin saber los múltiples trastornos que eso le ocasiona al otro: desde ansiedad, falta de autoestima, depresión, adicción, etc...


Y no entremos en el tema de los micromachismos, padres ausentes y más… porque esto sí que daría para otro post mucho más extenso jajaja.


Para qué hablar de cómo funciona en Chile. Padres desatentos, preocupados por el dinero y la educación de sus hijos, escogiendo, prefiriendo y justificando a uno de ellos a pesar de sus múltiples problemas: con el alcohol, con las drogas, hasta con la ley; y desatendiendo los intereses de sus otros hijos, sus problemas, sus dolores...

Familias enteras desunidas, maltratadas, tirando a menos problemas graves como violaciones, infidelidades, abortos, consumo excesivo de sustancias ilícitas y demás.


Y molestarse por eso o emitir alguna opinión respecto de eso, para muchos es ser "Generación de cristal", que todo nos afecta, todo nos duele: "En mis tiempos había que aguantarse como un macho y pensar rápido para que no te jodieran más".

¡Prefiero decir: La generación del cambio!

Bueno, permítanme creer que hay otra forma de hacer las cosas. Permítanme creer que quizás nuestra generación puede hacer un cambio en la crianza de nuestros hijos que son las futuras generaciones y hacer algo para que el modelo cambie.


Una generación que está consciente de las múltiples carencias que tiene y que las trata. Afortunadamente, algo pasa que muchos están acudiendo a terapia -me incluyo-. Y sin ánimo de evangelizarla, fíjense que sí, chico; sí funciona.


La terapia psicológica y psiquiátrica, sí te brindan herramientas para que tú consigas lidiar de la mejor manera posible con ese problema que te afecta, sí te permite enfrentar y soltar. Y muchas veces hay que medicar. Es así.


La depresión, contrario a lo que muchos creen, no se soluciona haciendo más ejercicio, escuchando música o pensando positivo; es una enfermedad y se soluciona con un fármaco. Punto.

La terapia te ayuda a evolucionar, a cambiar tu perspectiva, tu forma de ver el mundo, la vida, las relaciones interpersonales y más.

Sí, hablar con un absoluto extraño, que se convierte quizás en la persona más íntima, que conoce más de ti; ayuda. Claro que sí.


Hoy en día la mayoría somos capaces de hablar abiertamente de los problemas que nos afectan. Yo por ejemplo, les he hablado un montón acerca de mi problema de ansiedad y lo que ocasionó en mi vida en los últimos dos años.


Para mí esto ha sido todo un reto y cada vez que leo un tweet, un mensaje de alguien diciendo “decidí ir a terapia”, agradezco al mundo. Jajajaja. ¡Les juro! Es like: “Dios mío, no sabes aún lo que va a cambiar tu vida y lo que lo vas a agradecer en unos meses más”. Absolutamente, la evangélica de la terapia. Lo asumo y me acepto tal cual soy. jajajajaja.


Y en esta vida puede faltar de todo, pero nunca un...


Todo muy lindo, muy bello pero es que, amigos... Nunca falta... Nunca faltan los indolentes, los que se hacen la vista gorda o "los que no cacharon".


Aquellos que desde su esquina critican, asumen, hablan a tus espaldas o simplemente ignoran; con tan poca empatía sin tan siquiera saber por lo que estás pasando.


“Qué gorda está. Que pare de comer porque se va a inflar”; resulta que Eliana sufre de ansiedad. Diagnosticada. No necesita medicación.
“¡Pero saca motivación de algún lado. Corre, súbete a la bicicleta. Nada mejor que hacer ejercicios para sentirte mejor!”, resulta que María sufre de depresión. Diagnosticada y medicada.
“Me tiene harta Juan. Un día de buenas y al otro de malas, que no se le puede hablar. Le pega la luna de repente”, resulta que Juan sufre de bipolaridad. Diagnosticado y medicado.

Aquí es cuando vuelvo atrás y me atrevo a modificar un poco la premisa de mi amiga, a quien le encuentro toda la razón: “Definitivamente falta tanto en este país y en este Continente sobre salud mental”.


Hemos evolucionado en muchos aspectos, pero aún en éste, seguimos con un modelo arcaico en donde no se le da la importancia que se le debe dar y en donde, en muchas ocasiones, es tu propio círculo, quien emite estos juicios de valor que lejos de aportar algo en tu recuperación, te afectan más y más...


Mi humilde conclusión...


Mi llamado con esto es a ser empáticos.


No esperemos a que Eliana, María y Juan se conviertan en uno de esas 11 personas por cada 100 mil habitantes que mueren año a año por daño autoinflingido. Esta cifra es real, sacada por la OPS y sólo aplica en Chile porque a nivel continental, se suicidan 7 personas cada hora.


A veces preguntar: "Estás bien", es todo lo que una persona necesita. O, "Si necesitas hablar, aquí estoy"o "No estás solo". Parece súper tonto, pero es un gesto que puede cambiar mucho.


No esperes a que el otro esté bien y lo haya superado para aparecer. Según mi forma de ver la vida, los amigos reales están en las buenas y en las malas. En estos casos, se aprecia mucho a quien está en las malas.


Y, más aún, si tú que me lees, crees que estás atravesando por algún "issue" o sientes que tienes el mundo en tu espalda, una mochila de responsabilidades y no puedes más con eso, deja tu ego de lado, no te sigas haciendo daño. ¡Pide ayuda!


Silvi!