Trabajé una semana de mesonera en Pucón

Hoy les voy a hablar de mi primera semana en Pucón y de cómo conseguí trabajo en dos horas. Sí, como lo lees: me tardé dos horas en conseguir empleo. Cuando lo cuento, hasta yo misma me sorprendo de lo que nuestra energía puede ser capaz de irradiar.

La cosa fue así: yo estaba muy tranquila en Lluncura, la localidad a donde llegué, con mi familia adoptiva chilena. Realmente, tenía comodidades casi de dueña de casa, cosa por la que estaré siempre agradecida. Sin embargo, a medida que iba finalizando agosto, veía que pese a postular por la infinidad de páginas que existen para buscar trabajo, no me llamaban, me comencé a desesperar.


Las noches se me hacían un poco interminables en realidad. Los días muy largos y monótonos. En pocas palabras, sentía que perdía demasiado el tiempo y eso me comenzó a frustrar a tal nivel que un día cerré todas mis redes sociales (malcriadez que me duró como 2 días nada más), dejé de entrenar y comía mucho.

Si bien siempre estaba de buen ánimo, la preocupación era constante. Y vivía sacando cuentas de cuánto dinero me quedaba ahorrado, cuánto iba a gastar, etc. En fin… Después de mucho pensarlo, decidí arriesgarme y arrendar finalmente en Pucón. Lo peor que podía pasar es que me tuviera que devolver a Lluncura.


Llegué a mi amada ciudad un lluvioso día viernes, de noche. Mi cabaña estaba helada, no tenía calefacción, comida, ni platos, ni un vaso para tomar agua, por lo que me dispuse a comprar un par de cosas para aguantar el fin de semana.

El sábado y el domingo fueron días de ordenar todo en casa, disfrutar de un lindo atardecer y recargar energías para el lunes, día que dispuse justamente para conseguir trabajo.

Con la premisa de: ¡NO ME DEVUELVO HASTA ENTREGAR LOS 30 CV’s QUE IMPRIMÍ! Me dispuse a salir de mi casa a las 11:30 horas. Caminé y llegué a una cafetería que se veía de muy “alta alcurnia”. En Venezuela dirían: “Sifrinísima” y en Chile: “Muy cuica”.


Entré al lugar y le pregunté al primer chico que vi si ahí estaban buscando gente. El chico me contesto que justamente, estaba el dueño entrevistando a una candidata y luego me consiguió una entrevista con él: Café de la P, se llama el lugar, por si lo quieren googlear.

Es una empresa gigantesca acá en la ciudad. El dueño es un argentino, que además me comentó que se dedicaba en su juventud al periodismo deportivo. Según yo, hicimos match, pero nunca me llamaron. Cueck.

Al salir del lugar obviamente que seguía en mi búsqueda y llegué hasta un bar de cerveza artesanal (nunca había trabajado en un lugar de expendio de licores). Estaba el dueño también, conversé con él, le mostré mi CV y me hizo una pregunta válida:


¿Si te sale algo en tu área de periodismo, lo vas a tomar? A lo que aposté por responder de manera sincera -porque así soy yo-: “Me encantaría decirte que no, pero no puedo hacerlo. He metido en muchos lugares, pero no me han llamado; además no creo que pueda ejercer el periodismo deportivo acá en Pucón como tal”.


A pesar de mi respuesta, me pidió cambiarme de ropa y me dejó trabajando en el lugar. Yo no podía con la felicidad y obviamente que estaba muy agradecida.


Debo ser sincera con algo, yo JAMÁS había “garzoneado” como lo hice en ese bar. Realmente, un par de veces por allá en 2014 vendí unos sándwiches, pero no más que eso. El primer día fue de inventario y de aprender básicamente a ser mesonera, viendo como lo hacía el dueño.

Los siguientes días fueron los mejores. A mí realmente se me había olvidado lo que era ese trabajo. Terminaba muy agotada y con los pies que no me los podía del dolor. Pero feliz. Llena, dichosa. Había encontrado la felicidad en algo tan simple como aprender de la cerveza, atender gente en el bar, conversar con los clientes. Fue una experiencia distinta que hubiera querido que se mantuviera un tiempo más, pero tuve que dejar porque la oferta para volver a mi área, se había asomado.


En esa semana, no sólo supe valorar más a quienes hacen este tipo de trabajos, a quienes lo hacen bien, con cariño, con amor; sino que valoré con demasía a cada cliente que se fue satisfecho. Aprendí de humildad, de buena atención, de amor por lo que haces y de ser agradecido con Dios.

Obviamente, que para una storyteller como yo no hay satisfacción más grande que saber las historias de las personas y la primera regla para contar historias y escribirlas es: ir a un bar, con lápiz y papel y comenzar a observar, hasta encontrar con quien conversar. Así que ustedes mismos se podrán dar cuenta de lo idílico que era para mí ese momento y de lo mucho que disfruté cada conversación con cada cliente. me ganaba la confianza de mis clientes en un dos por tres, así que me terminaban contando su historia.


Como la historia de Pablo y Lili, una pareja de chilenos de Chillán, que se vinieron a Pucón para volver a comenzar, a la aventura. Querían probar algo distinto. Yo no sé si tenía que ver con la atención o la comida, pero lo cierto es que volvieron al bar en tres ocasiones, días distintos por supuesto, y en la última, nos intercambiamos el número. Ya planificamos nuestra primera salida.

La historia también de “Manonerices”, una señora de 60 años que decía sentirse de 30. Nunca nos preguntamos el nombre, sólo el usuario de Tik Tok. Su consejo, valiosísimo: “Vive todo lo que puedas, disfruta cada instante, que los años pasan muy rápido”.


Y cómo olvidar los ojos más lindos. Así es señores. Obviamente, si bien no estoy en plan de conseguir pareja, el amor acá es una posibilidad que no descarto. Puede pasar en cualquier momento. Y bueno, conocí a un chileno que habla como venezolano. Se quedó hasta último minuto, pero lo cierto es que pese a que conversamos mucho, no me pidió mi número. Estoy segura que volverá al bar pero, ya no estaré. Cosas que pasan.


Anyway... ¿Mi moraleja? Definitivamente, todo es cuestión de actitud, de conservar la esperanza, ser optimista así tu mundo se esté cayendo a pedazos. Créanme que lo sé porque lo viví en estos últimos dos años.


Yo sé que muchas veces que te hablen acerca de mantenerse optimista pese a las circunstancias, suena como si estuvieras viviendo en un mundo de fantasías. Sé que es hasta tedioso leer en ocasiones la misma "cantaleta". Pero es que es cierto y la vida se encarga día a día de recordármelo.


Nosotros somos lo que atraemos. Tenemos lo que creemos merecer. Cuando nos enfocamos más en lo "bueno" que en lo malo; de "aprender de las circunstancias" en vez de quejarme todo el día y ver cómo todo se va a la mierda al frente de mí, la percepción es distinta y todo a tu alrededor comienza a cambiar.


Las mejores oportunidades aparecen cuando menos lo esperamos, pero creemos que van a suceder porque ya lo imaginaste antes. Piénsalo, visualízalo y enfócate. Las cosas se dan. Deja que el universo actúe por ti, pero trabaja incansablemente en tu actitud. Sé agradecido. Se bueno. Ayuda y déjate ayudar. No alejes a quienes te quieren, aleja a quienes depositan en ti pura mierda, a quien te minimiza, no te respeta, es mala vibra. A ellos, mantenlos a kilómetros de distancia. Créeme es lo mejor.


Yo me quedo pensando y sí, lo atraje muchísimo porque piénsalo un poco: ¿Cuál era la chance real de que yo llegara a Pucón, una ciudad con casi 29mil habitantes, en pandemia y encontrara trabajo como garzona (mesonera) en DOS HORAS? ¿Suerte? ¡Ja! No me ha sonreído mucho en dos años así que no creo en la suerte en realidad. Creo en ser consecuente y crear nuestras oportunidades en base a nuestra forma de ser y a lo que queremos ser en presente y futuro próximo. Esta técnica no me falla.


Y es que... ¡Ah! Si yo les contara jajaja. Pero bueno, pronto les hablaré de mi nuevo empleo. No me lo van a creer.


En fin... Les dejaré el dato del Bar en donde estuve trabajando como garzona. Se llama: BeerHouse. Si tienes la posibilidad de venir a Pucón, es un imperdible sí o sí. Buena música, rica comida, espectacular ambiente y la cerveza: imperdible. Les recomiendo pedirse la Burger queso-tocino con un schop de Crater Porter Ale. ¡Uff! Me dio hambre.


Digan que van de mi parte.


Abrazo fuerte.

Sigan cuidándose en tiempos de pandemia.

Silvi.

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