Un cambio de mentalidad: haciendo de la ansiedad, mi mejor aliada

¡Hello! Tanto tiempo sin escribir en la bitácora del #Blogdesilvi. Con todo esto de la cuarentena, he andado en muchas cosas a la vez con el Club, creación de campañas para llevar la “Experiencia Country” a los hogares de los socios, varias notas, edición de video, en fin... Mucho trabajo, gracias a Dios; cosa que me ha impedido dedicarle el 100% a esta área que se supone que está dedicada un poco a experiencias personales en torno a ciertos temas.


Hoy me provocó retomar la bitácora con un tema que para mí es bastante significativo: ansiedad, vida, deporte y alimentación.

Como esto se trata de hablar desde mi “Yo” mas íntimo, quise traer acá uno de los temas con los que más he lidiado durante estos últimos meses. Va un testimonio de vida y un poco qué he hecho para mejorar mi situación.


Lo principal es partir contándoles que sufro de ansiedad y suelo manifestarla a través de la ingesta desproporcionada de la comida. No tengo desorden alimenticio, ni bulimia, ni anorexia; sin embargo, mi forma de “desahogarme” en su momento fue: comiendo.

Hoy en día, términos como “ansiedad” o “depresión” suelen ser sobrevalorados hasta tal punto de no prestar atención ni siquiera a los síntomas básicos que representan ambas condiciones. O, por el contrario, indicar que se está “ansioso” o “depresivo” por cualquier cosa. Ambas son enfermedades que se presentan en distintos niveles. De hecho, algo que he aprendido también es a saber a qué le llamo “depresión”, porque si bien he atravesado situaciones tristes en mi vida, como todos, jamas he estado en “estado depresivo”.


En mi caso, la ansiedad es un tema que llevo tratando más de dos años. Al principio por mi cuenta. Sobreestimaba la ayuda psicológica por desconocimiento, como la mayoría de las personas. Yo hallé en el deporte una manera de controlar ese estado y de hecho, es una de las causas por las que me inicio en el running hace más de un año. Por un tiempo lo mantuve “controlado”. Si soy 100% honesta, no sé si esa palabra sea la indicada, yo creo que más bien, lo tuve oculto y mi forma de tapar que estaba atravesando por esta situación, era corriendo.


Sin embargo, durante el año pasado, aún cuando estaba entrenando constantemente, mantenía cargas de entrenamiento importantes e incluso había participado en dos competencias de triatlón, presenté un cuadro de ansiedad por tres episodios personales, que me llevaron a buscar ayuda psicológica.

Hoy en día, sí puedo decir que es un tema controlado. Al menos ya reconozco las situaciones que aumentan mi ansiedad y hago algo al respecto. No me produce ningún tipo de vergüenza admitir que estuve en terapia, de hecho, la recomiendo ampliamente a todo aquel que pueda hacerlo. Como dice una amiga muy querida: “Fue y sigue siendo mi mejor dinero invertido”.


En aquel entonces, en conjunto con mi psicóloga, llegamos a la conclusión de que una de las formas en que manifiesto mi ansiedad es comiendo mucho y comiendo mal. Esto trajo consigo innumerables consecuencias en mi peso corporal y en el rendimiento en mis entrenamientos que, lejos de ayudar, me impedían evolucionar de la manera en que esperaba dada las cargas de entrenamiento que iba acumulando, llegando a afectar hasta en mi estado anímico. Imagínense lo frustrante que era para mí invertir tiempo en entrenar, tratar de no fallar y que tu cuerpo y tu mente no respondan como tú quieres. Lejos de hacerme bien, el deporte pasó a aumentar mi nivel de ansiedad.


Cuando descubrimos esto, lo primero que hice fue acudir a un nutricionista para comenzar a regular mis porciones. Él, elaboró un plan personalizado. Onda, no es para nadie más, es “PARA SILVANNA”. Nada de dietas extremas, nada de pasar hambre, ni mucho menos.


Pero junto con el plan nutricional, también venía un “cambio de chip”, que supimos trabajar con mi Psico. Un cambio real de mentalidad. Porque te pueden ajustar un plan perfecto, pero si tú no te lo tomas en serio, con la responsabilidad que conlleva, lo vas a pasar realmente mal.


Tardé dos meses en hacer este cambio de chip (los últimos de 2019). Hasta que finalmente, en enero de este año, decidí que lo que me llevaría lejos, en todos los aspectos de mi vida, era la disciplina. Y me aventuré a cambiar mi estilo de vida, por una mucho más saludable.

Y si puedo resumir mi cambio de chip en 3 pasos, fue así:


1º Asumir que es un proceso. Esto fue lo primero. Me saqué de la mente que los frutos los vería al día siguiente de iniciar. Con asumir que se venía un proceso largo, me puse hasta un slogan: “Todo es una consecuencia”. Y así lo vi. En mi mente estaba: entreno + alimentación balanceada, es la clave de todo. Me importaba mi salud. Me importaba estar bien por dentro y ser feliz. Eso a la larga, se reflejaría en mi cuerpo. Lo principal pasó a ser: rendir en mis entrenamientos. La alimentación debía ayudarme a dar mi máximo en cada entrenamiento. El resto era y sigue siendo añadidura.


2º Los estereotipos sociales son sólo eso: estereotipos. Dejé de compararme con las modelos o las atletas de al lado y fortalecí inimaginablemente, mi amor propio. Sabía que para salir victoriosa en esto, tenía que gustarme lo que veía en el espejo. Debía dejar mis inseguridades a un lado, por más difícil que esto parezca. ¡La belleza es tan subjetiva! Y hay tanto de qué preocuparse en el mundo: problemas REALES, como para gastar un gramo de energía en algo tan irreal como lo que muestran los demás bajo los filtros de Instagram. 3º Si caigo un día, lo vuelvo a intentar al siguiente. Es decir, no le temo a volver a comenzar. Todo es "ensayo y error". Todos los días es una oportunidad de comenzar a hacer las cosas bien. Sin embargo, algo que he cuidado es mantener mi premisa de: DISCIPLINA Y CONSTANCIA. Tratar de comenzar la menor cantidad de veces posibles.

Bajo este tercer punto viene mi siguiente noticia. Y es que, si bien he cuidado mi alimentación estos cuatro meses, con la cuarentena preventiva y los 60 días que llevo encerrada, mi actividad física disminuyó y con él, mi gasto calórico. En pocas palabras, gané unos kilos. #corta.


A esto le sumo que si bien me siento tranquila a nivel emocional, mi ansiedad por ahí puede estar manifestándose y es producto del encierro. Está absolutamente identificada ya. Y es que van 60 días de confinamiento completamente SOLA. Como mucho más sano, lógicamente; pero sí debo admitir que aumenté porciones y ya comencé a ver el efecto en mi cuerpo.


Anoche, entre una cosa y otra, me tracé un objetivo y se me ocurrió que -de manera responsable- puedo iniciar un “reto” personal que consiste en: 30 días, par de medidas menos. Y como no creo en eso de “comenzar los lunes”, decidí partir hoy mismo.

“Lo que no expresas, te lo comes”, dijo Gabriela Uriarte en un podcast de Cristina Mitre. Lo escuché hoy previo a iniciar mi rutina de ejercicios matutina y sentí nuevamente como el universo me estaba hablando.

En líneas generales, incluiré a mi rutina diaria una hora más de ejercicios (muy temprano en la mañana) y un exhaustivo chequeo de lo que estoy comiendo.

Se viene un mes de “RAYAR LA PAPA”, como dice el chileno. Claramente, está de más decir, que será responsable. Pero que sí, daré el 100% de mí en esto.


Estaré documentando todo semanalmente en esta misma sección. La idea es contarles cómo me he estado sintiendo, qué he estado aplicando para controlar más mi alimentación, cómo me va con los entrenamiento y si he presentado cambios de humor.


En conclusión… De un problema, saqué una oportunidad. Y de eso se trata la vida. A mí me toca convivir con mi ansiedad, en todos los aspectos, pero sin dejar que me domine. Hoy en día, la hice mi mejor aliada.


Silvi.